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El Constitucional avala el despido por baja laboral aunque esté justificada

La semana pasada amanecimos con este titular en los periódicos y lo más normal es posicionarse a favor o en contra del Tribunal Constitucional, pero muchas veces las cosas no son tan simples como la define el titular sensacionalista y el análisis es un poco más complejo. En España, despedir a un trabajador de baja por enfermedad hace años que es posible, antes te costaba 45 días por año de indemnización, después 33 días y tras la última reforma te cuesta 20 días por año trabajado. Es muy habitual que las empresas despidan al trabajador cuando ven que la baja se va a alargar en el tiempo y no por problemas de productividad, sino de costes, mientras el trabajador está de baja, la empresa está pagando los seguros sociales y sus retenciones y en muchos casos adelantando el salario a la seguridad social o a las mutuas y otras veces completando el salario porque la seguridad social solo paga una parte con la prestación por incapacidad temporal y los convenios obligan a las empresas a pagar la diferencia.

Lo que se pretendía en este caso,  era que el Tribunal Constitucional declarara que ese artículo que permitía despedir al trabajador por ausencias repetidas a su puesto de trabajo por enfermedad  con un coste de 20 días por año, era inconstitucional por afectar al derecho a la salud o la igualdad entre sexos.  Pero todo es humo, da igual lo que diga el Tribunal porque en la práctica solo implica 20 días por año o 45-33 días por año, pero el trabajador se va a la calle.  No os dejéis engañar, el malo de esta película no es el Tribunal Constitucional ni la empresa que tiene que soportar el coste económico de la baja laboral y por supuesto tampoco el trabajador que tiene que velar ante todo por su derecho a la salud.

El malo de esta película es un sistema social que asfixia a las empresas con cotizaciones sociales altísimas. Señores, que un trabajador que cobra 1.000 euros le cuesta a una empresa 2.000 euros, entre cotizaciones, impuestos y  cumplimiento de la normativa laboral. Por eso cuando un político dice que van a subir el salario mínimo a 1.200 euros, las empresas se llevan las manos a la cabeza y se echan a temblar, no por los 1.200 euros sino por los impuestos y cotizaciones que ello implica. Siempre estaremos en la cola del desempleo mientras no tengamos un sistema donde se puedan pagar salarios dignos sin asfixiarnos con seguros sociales e impuestos altísimos, donde si el trabajador está de baja

médica no le cueste nada a la empresa y si le despide sea nulo por atentar a su salud.

Pero para hacer eso, hay que gestionar bien los impuestos de todos, donde y en que se gasta el dinero,  mirar por el dinero público como si fuera nuestro, acabar totalmente con la corrupción aunque eso visto lo visto es muy difícil.

Mientras, sigamos engañados con cortinas de humo y luchando contra molinos de viento.

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